ESPERANZAS Y DESAFIOS DEL PERONISMO PARA EL SIGLO XXI.

Por GUILLERMO JUSTO CHAVES

Director del Instituto Nacional de Capacitación Política

Convocado por la coordinación editorial de “Reseñas y Debates” para seguir reflexionando acerca del Peronismo, surgen rápidamente los interrogantes que aparecieron luego de la desaparición física de Juan Perón, en aquel julio de 1974.  Que es el peronismo hoy? Cómo interpretarlo? Hacia dónde va? Mi propósito en este breve aporte a la revista será intentar encauzar algunas cuestiones como para poder empezar a buscar las respuestas que muchos de nuestros compañeros y compañeras no quieren, no pueden o no se animan a encontrar. De modo que, en definitiva, este artículo viene a ser la continuidad del publicado en el número 66, donde la propuesta que emerge es la del necesario debate y la actualización doctrinaria. Concluía en aquel escrito con el deseo que frente a un proyecto nacional victorioso en lo electoral se consolide la identidad de nuestra fuerza y su perfil ideológico.

I.                   LA CONDUCCIÓN NO SE DISCUTE.

Durante el pasado mes de noviembre, en el día de la militancia, representantes del movimiento nacional se encontraron en Río Gallegos a fin de tributar un sentido homenaje a quien fuera además de presidente de todos los argentinos, del partido justicialista y responsable de la formidable recuperación de nuestro país, un modelo de militante político. Néstor Kirchner, fue reconocido por gobernadores y autoridades del Consejo Nacional Justicialista como el émulo a seguir. Esa instancia, a su vez, sirvió para ratificar en la conducción –lo que en los hechos era y es una realidad- a nuestra Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Y es importante remarcar esto, porque es el punto de partida para los posteriores análisis que hagamos. El conductor, desde la génesis de nuestro movimiento adquiere una importancia superlativa, máxime cuando como en este caso, ha sido ratificada en las urnas por más del 54% de los votos. Los ocho años de transformación política, económica, social y cultural que hemos vivido con la impronta indiscutible de un gobierno justicialista la legitiman a Cristina más allá de cualquier formalidad.

El tiempo dirá, entonces, si asumirá la presidencia del Consejo o no, según el criterio político que se imponga oportunamente. El presidente Néstor Kirchner, en una situación similar, optó por asumir el cargo partidario como parte de una decisión táctica, que fue objetada en ese momento por algunos aliados del proyecto nacional. El tiempo terminó demostrando lo acertada de esa medida.

Pero lo que queda absolutamente claro en este punto es lo siguiente: LA CONDUCCION NO SE DISCUTE. Cristina, como líder del movimiento, cuenta con la autoridad dada por el pueblo en las urnas y sintetiza las cualidades que ostentaba Juan Perón y que luego tuvo Néstor Kirchner. Al carisma y ascendencia como virtudes personales, se le suman las habilidades para ejercer ese liderazgo hacia adentro del espacio.

Esas habilidades las podemos resumir en tres. La primera es como administra el conflicto; la segunda, como hace justicia hacia adentro y la tercera, como interpreta la doctrina. Veamos cómo es esto.

Administración del conflicto. Las tensiones ocasionadas en un espacio político como el justicialismo son moneda corriente. Mantener en equilibrio sectores que muchas veces contraponen intereses, personas o puntos de vista, son una prueba de habilidad importante que Cristina demuestra cotidianamente.

Hace Justicia. En el marco del proyecto, distintos actores y protagonistas cumplen diferentes roles y funciones que deben ser llevadas adelante con lealtad, formación política y solvencia técnica. Ella, a partir de las designaciones, asignación de funciones, premios y también porqué no de marcar errores y dar por terminado algunos ciclos, maneja con firmeza esa habilidad.

Interpreta la doctrina. En cada intervención pública la Presidenta ha ratificado su condición de compañera peronista, de militante de la causa popular y fundamentalmente ha pasado por el tamiz del ideario justicialista todas y cada una de  las políticas públicas que lleva adelante su gobierno, preocupándose por remarcar como, muchas veces, bajo la máscara de un pseudoperonismo se traicionaron sus principios más sagrados: la defensa de los más necesitados y la búsqueda de la justicia social. Cada uno de sus discursos terminan siendo pulidas piezas de doctrina peronista.

II.                 PRAGMATISMO, SIGNIFICANTE VACIO O SIGNIFICANTE SATURADO.

Habiendo avanzado con la cuestión de la CONDUCCION llega el momento de introducirse en la definición del PERONISMO. Los problemas empiezan a partir del año 1955. Antes, la praxis política de los gobiernos de Perón sumados a los cuerpos de doctrina elaborados fundamentalmente a partir del Congreso Internacional de Filosofía tenían ordenada la cuestión. Luego del golpe y desde el exilio, el líder pasó a ocupar el centro en la representación de muchas cosas diversas dentro del movimiento. Entre la “burocracia sindical”, la “juventud peronista” o “las formaciones especiales”, no había nada en común. Cada uno tenía su propia interpretación del discurso de Perón. Había una diferenciación antagónica y de contenidos contradictorios entre los grupos y según Ernesto Laclau, siguiendo a Freud, el “amor al padre” era lo único que unía a los hermanos. Y aparece esta idea del PERONISMO como “significante vacío”.

Ferdinand de Saussure decía algo así: los signos componen la lengua, y de los signos abstraemos dos aspectos diferentes; el significante y el significado. El “significado” sería el contenido o el concepto del signo. El “significante” la imagen acústica. Laclau, traslada este concepto al PERONISMO y dice que con Perón exiliado, ocurre algo así. El PERONISMO es un significante sin significado; un “significante vacío”. Cada sector le da su propia visión.

Pero también podríamos hacer otra interpretación y sumar todos los “significados” que cada uno le da al PERONISMO y concluiríamos -con perdón de Laclau-, en que es un “significante saturado”. En definitiva, llegaríamos al mismo resultado. Ya que si el PERONISIMO es todo, finalmente termina siendo nada.

Todo esto, por supuesto ha dado lugar a innumerables análisis, algunos más científicos que otros y no por ello menos valiosos. La definición de Lorenzo Miguel que “el PERONISMO es comer ravioles con la vieja los domingos”, encierra un componente cultural, popular y sentimental importante. O como alguna vez un gobernador experimentado me lo confesó: “el PERONISMO es tener plata para hacer obras por la gente y gastarla”.

Pasando por versiones del PERONISMO como maquinaria electoral, es decir un dispositivo que se activa durante la faz agonal de la política y cuando se pone en marcha es muy difícil enfrentarlo (“el aparato”), partido político o movimiento de masas, lo cierto que la explicación más peligrosa es su calificación de “pragmático”.

Y reflexiono sobre esto porque en nombre del pragmatismo, está todo permitido. Bajo la apariencia de lo práctico y eficiente se dejan de lado principios rectores que en este caso dieron origen a una doctrina política y bajo el paraguas de la desideologización se terminan justificando acciones y medidas que se encuentran en las antípodas de los valores fundacionales, en este caso del PERONISMO. Fue lo que pasó en los noventa. Se justificó la desigualdad, la ausencia del Estado, el abandono de los sectores más desprotegidos, el ajuste; todo en aras de la eficiencia y el “pragmatismo” del PERONISMO.

Esperemos haber aprendido la lección. Ya sabemos lo que no somos. Ahora vayamos por lo que somos.

III.               DOCTRINA. POLITICAS PUBLICAS

La doctrina entonces es lo que nos da identidad. Siguiendo con algo de lo anterior, nos aporta “significado”. Es nuestra “cosmovisión”, nuestra concepción del mundo, de la región y de Argentina. El punto de partida para la discusión consiste en distinguir, en primer lugar,  los aspectos esenciales de los secundarios o coyunturales. El objetivo es revalorizar los primeros y en función de ellos que deriven las políticas públicas y su diseño para los próximos años. En el artículo anterior publicado en el número 66 de esta revista realizo un paralelo entre las políticas públicas implementados en los últimos ocho años con los valores de la doctrina.

Con relación a los aspectos secundarios o coyunturales, el criterio es otorgarles su dimensión histórica pero que no obstruyan en la revalorización de los esenciales y en su realización en el plano de la realidad. En síntesis, que un árbol no impida ver el bosque.

Los aspectos esenciales, son indudablemente las famosas tres banderas: SOBERANIA POLITICA, INDEPENDENCIA ECONOMICA Y JUSTICIA SOCIAL. Hoy en mi criterio a los fines de esa revalorización se ubican en dos grandes ejes: el primero es el del valor sustancial del PERONISMO: LA JUSTICIA SOCIAL.

John Rawls, decía que la justicia social es a las sociedades como la verdad a los sistemas de pensamiento. Esto significa que la justicia social es la columna vertebral de una sociedad, por lo que todas las acciones de gobierno deberían tener como fin último este valor.

Algunos citan como sinónimos a la equidad o la igualdad de oportunidades. No está mal, pero el eje puesto en la JUSTICIA SOCIAL nos ayuda a no desviarnos del camino del verdadero PERONISMO.

  • Para que haya justicia social tiene que haber universalidad en la titularidad de los derechos, esto quiere decir que el punto de partida es que todos tengamos los mismos. La profundización de las políticas de Derechos Humanos ha de ser una herramienta para lograr este objetivo en los próximos años.
  • El avance en los mecanismos de igualación a partir del reconocimiento de los derechos de las minorías no son más que una continuidad de las políticas implementadas durante las primeras presidencias de Perón como la patria potestad compartida, el voto femenino o el divorcio, por ejemplo.
  • La profundización en las políticas de redistribución de la riqueza tiene en vista este valor (la justicia social). La reducción de la brecha de desigualdad es otro desafío. Estamos en camino.
  • La búsqueda de la universalidad a través de un sistema solidario tanto en las áreas de salud como de seguridad social, es un recorrido en marcha pero aún no terminado. Vamos bien.
  • La incorporación de mecanismos de acción afirmativa o discriminación positiva son herramientas que se pueden utilizar a los fines de acelerar los procesos de igualación y de justicia social.
  • Pero el objetivo central es el camino del desarrollo. Donde hay desarrollo (a diferencia del crecimiento) es muy probable que se concrete el ideal de justicia social.  Desarrollo, es igual a Infraestructura más Educación. Durante el primer peronismo y aun hoy es así, el trabajo es generador de dignidad y por supuesto de subjetividad. Hoy en el siglo XXI la puerta de entrada al trabajo digno es la educación. Ella es la verdadera emancipadora de los sujetos.
  • En suma, profundización de las políticas de derechos humanos, avance en los mecanismos de igualación, universalización de políticas de salud y seguridad social, mecanismos de discriminación positiva y desarrollo. La profundización del modelo es ni más ni menos que el avance hacia mayor justicia social.

El segundo eje integrado por la SOBERANIA POLITICA y la INDEPENDENCIA ECONOMICA son las herramientas al servicio de la JUSTICIA SOCIAL. La actitud proactiva del Estado ocupando la centralidad de la vida política y tomando las decisiones con autonomía orientando estratégicamente el rumbo de una nación integrada a la región consciente de su potencialidad en materia de recursos naturales estratégicos (tierra, agua, alimentos y energía) es la expresión cabal de nuestra SOBERANIA POLITICA revalorizada día a día.

Y la INDEPENDENCIA ECONOMICA, plasmada en el espíritu de las políticas de desendeudamiento y en las balanzas de pagos fiscal y comercial. Y por supuesto, la insistencia en la generación de un modelo agroindustrial, con esa economía volcada a la producción y con el sector financiero acompañando a la economía “real”. Pero en definitiva, siempre con el objetivo de poner la economía a servicio del pueblo -y no el pueblo al servicio de la economía-, del desarrollo y de la JUSTICIA SOCIAL.

Los aspectos coyunturales o secundarios son los que quedan y no son relevantes. Sería  interesante en un eventual encuentro de debate doctrinario analizar la vigencia de las veinte verdades. Si la relación del peronismo es con la Iglesia, con algunos ideales del cristianismo (si cristiandad y cristianismo son lo mismo) o tenía que ver con el momento histórico de aparición del movimiento nacional. En fin, temas que hoy no influyen en las políticas públicas pero que muchos consideran parte del peronismo.

IV.              OBJETIVIDAD. CERTEZAS E INTERROGANTES.

Quienes hayan seguido la lectura hasta aquí y reflexionado sobre las ideas expresadas concluirán que no soy objetivo. Estas líneas están teñidas de una visión generacional diferente a la que disfrutó al primer peronismo o conoció a Perón en vida. Pero tengo la certeza que es necesario pensar el PERONISMO desde nuevos lugares, reivindicando los ejes centrales de su ideario a fin de profundizar las políticas púbicas en ese sentido, dejando para el folklore o la liturgia lo secundario.

Que es importante seguir trabajando por la renovación dirigencial. Para que el justicialismo sea un movimiento dinámico que está a la altura de las circunstancias para darle respuestas a la gente, fundamentalmente a los más necesitados. Que estamos frente a una buena oportunidad luego del contundente respaldo popular al proyecto nacional de generar un ámbito de debate y discusión doctrinaria, que nos afirme en nuestra identidad y aleje la posibilidad de que el movimiento vuelva a ser cooptado por la ideología del conservadurismo, la desigualdad y el ajuste. Está en nosotros promoverlo. Es nuestra esperanza y el desafío.

Termino confesando que la intención de estas líneas no fue decir verdades, tampoco dar certezas, solo generar interrogantes. Si realmente fue así entonces valió la pena. El pequeño aporte al PERONISMO está hecho.

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